Menos pensamiento positivo (Praemeditatio Malorum)

Menos pensamiento positivo (Praemeditatio Malorum)

Para mí, una vida plena es construir una identidad plena. Asociamos el placer y la sofisticación con la felicidad, hasta que aprendemos que tras el placer no hay nada.

La felicidad se encuentra cuando podemos soportarnos en la soledad y hacer cosas que reflejan nuestros valores. Es ser parte de algo más grande que trasciende la vida de uno, el momento en que nuestra vida deja de ser la preocupación principal, sino aquello a lo que nos dedicamos.

Desear una vida plena es fácil, también imaginarla y hacerse una idea aproximada. Para conseguirla es un camino lleno de obstáculos, al principio, en donde tenemos que tener mucha paciencia y aceptación. Como por ejemplo reconocer que la serenidad sólo se puede encontrar en el presente imperfecto, el problema es que muchas veces nos encontramos con una corriente de “pensamiento positivo” que nos dice que todo va a pasar, lo cual no está mal. Pero a veces, rechazar las cosas malas pensando simplemente en las cosas buenas que podrían existir en el futuro simplemente no nos hace apreciar la vida, ni nuestras capacidades en su totalidad.

En este caso vamos a hablar de este pensamiento positivo, relacionado a la realización personal y la mejora constante.

Moderemos el pensamiento positivo

Normalmente a uno le enseñan que debe trabajar en sí mismo para un futuro mejor. Solemos pensar en las cosas que podríamos obtener si hacemos un esfuerzo en cosas que nos cuestan, la mayoría de los libros de superación y las personas que nos quieren dicen que pensemos en positivo: “conseguiré ese trabajo”, “obtendré millones de dólares”, “conseguiré agradarle” o incluso “viviré muchos años”.

Es bueno pensar en positivo, la gente que vive con resentimiento poco consigue, el problema es que en la actualidad hay pensamiento positivo en exceso y poca tolerancia a las pérdidas ¿Que propongo?.

No tenemos que guiarnos siempre por lo creemos que conseguiremos ni vivir constantemente pensando que el futuro será mejor, porque esta sed puede chocar en cualquier momento con la realidad. A veces debemos reflexionar al revés, ¿Qué pasaría si todo sale mal? ¿si pierdo todo?.

Si uno se desarrolla a sí mismo, lo más probable es que progrese (hacer algo en la dirección correcta siempre traerá más resultados que no hacer nada)… Pero hay muchos factores fuera de nuestra área de control que dependen del destino (causalidades que no podemos llegar a controlar ni medir).

Además el futuro es incierto, el esfuerzo de obrar bien es su propia recompensa, sin esfuerzos nos ablandamos y nunca llegamos a conocernos de verdad. Cuando estamos haciendo lo que nos gusta fortalecemos nuestra identidad, ya estamos siendo lo que queríamos ser. Para ser un escritor tenés que escribir y para programar, programar. Si no aprecias el camino, significa que difícilmente valorarías tu objetivo a futuro, simplemente te estás dejando llevar, en parte, por un sesgo cognitivo.

Pensá positivo, prepárate para lo peor. (Praemeditatio Malorum)

Si nos preparamos para lo peor al menos en nuestra mente, estaremos más agradecidos con el momento presente y más preparados para el futuro. Provocando entonces que nuestras probabilidades de superar los obstáculos y alcanzar los objetivos aumente, aprenderemos a vivir plenos a pesar de no conseguirlo.

Los estoicos recomendaban pensar seguido en los peores escenarios posibles, como catástrofes en nuestra comunidad, pérdida de seres queridos o la de una posición social poderosa. Yo escribí algo, imaginaba que mi país se volvía completamente inestable, para concientizar que nuestras capacidades y oportunidades son muchas, independientemente de las condiciones económicas de un país. El mayor límite muchas veces es nuestra propia mente.

Reflexión propia

¿Cuál es el peor hecho externo que podría sucederme? ¿Qué tal si una importante crisis deja al país sin trabajo, perdiendo así el mío propio y la posibilidad de ejercer lo que quiero en mí país?

Buscaría la forma de salir del país en menos de un año. ¿Cómo viviría mientras tanto? ¿De donde saco la plata? 

Yo ya pasé por momentos en los que no había plata, casi no alcanzaba para movilizarme en transporte público, mucho menos para comer bien. Puedo soportar la mala comida, las largas caminatas, el trabajo duro y por sobre todo, puedo enfrentar todos mis miedos. En los momentos difíciles es cuando más aprendemos.

 Incluso si perdiera mis ahorros y tuviera que rebuscar mi camino de alguna manera lo haría. Podría salir todos los días a vender comida y ciertas pertenencias. Produciría contenido con lo que tengo, sin pretensiones ni expectativas a futuro, hablaría acerca de mi filosofía de vida y compartiría las dificultades a las que nos enfrentamos. Pediría ayuda desde luego e intentaría ofrecerle a las personas de afuera algún servicio, como armado básico de páginas web mientras busco los medios para profesionalizarme.

Cuando tenga los recursos para salir de mi país lo hago, incluso en la miseria tal como Venezuela, sería capaz de escribir, leer o programar en mis ratos libres. Podría migrar a otros países de latinoamérica como Uruguay o Brasil, manejandome con el inglés y el español hasta dominar el portugués.

Esta experiencia sería tan empoderante que es capaz de reintegrarme en el mercado laboral mucho más fuerte que antes, con más conocimientos en un país con mayor estabilidad económica.

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