Ira y Debilidades

Ira y Debilidades

La ira nos hace obrar mal, es la emoción que mayor bloqueo racional produce. En la actualidad no nos da ningún beneficio, daña más a su portador que al objeto de ira.

 La tormenta de ego nos hace perder la razón, esta emoción nos incita a ganar sin importar el motivo, nos hace dañar a las otra persona sin que haya sido necesario. Una mente racional y libre de emociones podría procesar mejor esta cuestión y muchas otras, haciendo lo mejor en cada situación.

 Hoy voy a compartir técnicas/algunos pensamientos propios para dominar esta emoción. Dichas técnicas las he aprendido en mayor parte gracias a el Programa Invicto de Marcos Vázquez, lo recomiendo encarecidamente.

Desvanecer la ira

 La ira es la emoción más complicada de apaciguar. Nunca podremos eliminar las emociones inherentes a la vida humana, pero sí podemos mantenerlas a raya con nuestra capacidad de analizar y cambiar nuestra interpretación de los hechos.

 Lo que se recomienda en primer lugar es postergar la respuesta, el tiempo provoca que la emoción cese.

 En segundo lugar debemos despegarnos de la emoción y exami­nar la realidad con objetividad. ¿Qué ha ocurrido exactamente? Hay que evaluar objetivamente si realmente hemos sido dañados, con frecuencia solemos realizar juicios emocionales exagerando el evento en nuestras mentes.

Para mí, o a través de mí

Solemos tomar la ofensa personalmente aunque la mayoría de las veces las agresiones son miedos o preocupaciones de la otra persona dirigidos en forma de descarga emocional hacia nosotros. Así como fué dirigido a nosotros, pudo ser a cualquier otra persona que haya estado en nuestro lugar. Si es este el caso, nos conviene entender que todos cometemos errores.

Se puede cambiar la perspectiva, imaginando que lo que sucede a la otra persona nos pasa a nosotros. Así podremos obtener una comprensión favorable del evento para ambas partes y evaluar la importancia del asunto con una métrica concreta.

La mejor respuesta a una agresión es no agredir

 Si fuimos dañados realmente, responder de la misma manera hacia la otra persona solo empeorará la situación, además de que nos deja en una muy mala posición.

 Con la mente en el presente tenemos que actuar de la mejor forma haciendo lo que se encuentra dentro de nuestra área de control.

 La mejor respuesta suele ser la indiferencia, demostrando que no estamos al mismo nivel que el agresor. Hay situaciones en que sí vale la pena una respuesta, para esos casos la respuesta debe ser directa, correcta y racional.

 Se que controlarse en estas situaciones es muy difícil. En la medida de lo posible recomiendo recordar nuestros valores, personalmente me sirve pensar que guiarse por la verdad es fuente del progreso. No tiene sentido actuar en contra de nuestra razón, no le hagas caso a la gratificación instantánea que nos brindan nuestros impulsos, pronto se irá dejando prolongado descontento.

El camino: Buscá amar lo que no podés controlar

 Debemos aceptar todo lo que está fuera de nuestro control, incluídas las injusticias y debilidades. No aceptarlo significa restar tiempo a lo que podemos cambiar, y quejarse en vano.

Las personas que progresan son aquellas que sí lo reconocen, las que trabajan en pequeño pero piensan en grande.

Muchas veces, también, nos vemos shockeados por nuestros problemas, porque creemos que son mucho más grandes de lo que en verdad son.

 Debemos recordar con humildad nuestro tamaño y rol en el universo, nuestra estadía en el mundo no es nada comparada con la historia de nuestro sistema solar. Esto nos va a dar una perspectiva de la importancia de nuestras preocupaciones. ¿Por qué habríamos de paralizarnos tanto por un fracaso o agresión?

El ideal a seguir sería empezar a apreciar los problemas, ya que estos son parte del camino. imaginate que si no hubieras tenido los problemas que te sucedieron serías una versión reducida de vos mismo.

 El que aprende a apreciar lo que le sucede de verdad ya no necesitará desear cosas nuevas del futuro ni tampoco se sentirá agredido personalmente.

 Tener una vida muy implicada y de mucho propósito nos permite disfrutar el presente y apreciar con mayor valor lo que el destino nos trae. Ya no esperaríamos cosas nuevas como una forma de evasión de la realidad, sino como indiferentes preferidos que nos ayudan a seguir creciendo.

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